Càpsula | Saboreando las Olimpiadas
Uno de los retos más difíciles en la organización de unos Juegos es adaptarse a la dieta de personas llegadas de 200 países

LLUÍS AMENGUAL. ENVIADO ESPECIAL A PEKÍN. "Cinco sabores tiene la vida: ácido, dulce, amargo, picante y salado", reza el cartel en la entrada de un restaurante en Beijing. Este símil gastronómico, popular entre chinos, ilustra la variedad de sensaciones del país más poblado del mundo. Pero en una nación con una superficie similar a Europa, los sabores se clasifican según las regiones: al oeste de China, los platos son ácidos; al sur, dulces; al este, la comida es picante; mientras que al norte, en Beijing, es salada. Otros refranes transmiten el carácter jocoso de los chinos: "En el sur de China se comen todo aquello de cuatro patas menos las mesas y todo lo que vuele menos los aviones". En el norte, la mayoría de pekineses se horrorizan al imaginarse comiendo carne de perro, de rata, de serpiente o de mono. "Esto es cosa del sur", afirman.
Sin embargo, en la capital de este país asiático, con restaurantes de todas las regiones de China y del resto del mundo, la fiesta del sabor está asegurada. Es habitual encontrarse puestos callejeros de pinchos de carne enfrente de archiconocidas cadenas de comida rápida. Los puntos de venta ambulante de fruta, verdura y carne se combinan con moles de hormigón. Es curioso ver a hombres vestidos con trajes comprando en improvisados tenderetes la cena. Eso sí, la etérea venta de productos frescos se ve restringida día a día por las autoridades, a medida que nos acercamos al 8 de agosto, fecha de inicio de los Juegos Olímpicos.
La aventura en un restaurante chino, alejado de la muchedumbre y del tumulto occidental, es toda una experiencia. La primera de las batallas comienza al recibir la carta de platos. En algunos lugares, la carta está solamente en chino sin fotografías. Antes de jugársela, el comensal poco ducho en el idioma de Mao, solicita la carta en inglés. Si hay suerte, el camarero le entiende y se la trae. Afortunadamente, a los platos les acompaña una fotografía y, en algunas ocasiones, un incremento sustancial de precios respecto a la carta en chino.
Al final del ágape, el dicho "Café, copa y puro" se queda en nada. Los restaurantes orientales no disponen de máquinas de café y los puros son desconocidos. Eso sí, una copa de licor edulcorado con algún insecto siempre está disponible para ser degustado. De la misma manera, el concepto "postre" tampoco existe en Beijing. Si al final de la comida o cena se pide algo dulce, le pueden traer desde un plato de manzana cortada o un plato de tomates hasta un plato de azúcar. ¿Hay algo más dulzón?
La dieta en la villa olímpica
Claro está que la vida en la villa olímpica distará mucho del día a día del resto de Beijing y de China. Y la comida no será una excepción.
Organizar unas Olimpiadas supone muchos retos. Pero uno de los más difíciles es adaptarse a la dieta de personas venidas de más de 200 países de todo el mundo. A este desafío, recientemente se ha añadido la desconfianza generada por algunos países occidentales en cuanto a las posibles consecuencias en los atletas olímpicos. La preocupación radica en un potencial consumo de alimentos adulterados por medio de productos químicos, como la presencia de hormonas en la carne o uso de antibióticos que podrían interferir en los resultados de los controles antidopaje. Algunas delegaciones olímpicas plantearon su deseo de trasladar sus propios productos alimentarios a China, a lo que Beijing respondió con aplicar estrictamente la legislación alimentaria y sanitaria en puertos y aeropuertos. Cabe destacar que en la capital el control ha mejorado notablemente por medio de nuevas políticas sobre los productos agroalimentarios, que se ha traducido en inspecciones más eficientes, así como en el seguimiento de los alimentos durante las diferentes etapas de producción.
Mientras tanto, en la villa olímpica se van desvelando algunos entresijos de cómo será el menú de los atletas. El denominado "Menú Mundial", confeccionado por el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Beijing (BOCOG), ansía erigirse como la babel de los sabores. En declaraciones a la agencia oficial de noticias Xinhua, Kang Yi, directora del Departamento de Administración de Alimentos y Bebidas del BOCOG, señalaba la dificultad de crear el menú: "Los responsables de prepararlo tuvieron que tener en cuenta las diferencias gastronómicas, considerando los diferentes países, los diferentes ambientes culturales, costumbres y hábitos alimenticios a fin de ofrecer una dieta apropiada".
El menú en la villa olímpica se ha vertebrado a través de cuatro líneas gastronómicas diferentes: mediterránea, internacional, asiática y china. El menú será rotativo de 8 días.
La inmersión de los atletas en la gastronomía china, durante la celebración de los Juegos será casi nula. Según declara Kang, la presencia de productos chinos no superará el 30 por ciento, ya que los atletas acostumbran a consumir alimentos con los que ya están familiarizados antes de competir. Y si importante es el origen de los alimentos, lo es también su carga calórica. Por ello, a cada uno, le acompañará una etiqueta con toda la información nutricional que aporta su consumo. Paradójicamente, la cocina china no ofrecerá esta información. "Esto es algo a lo que la mayoría de los chinos todavía no están acostumbrados", asevera Kang.
No obstante, el control alimentario va mucho más allá de la villa olímpica. Por medio de GPS o por frecuencia de radio y personal de seguridad se controlará la producción, transporte, manutención y consumo de la comida destinada a los atletas.
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