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Las autoridades chinas han invertido 11.000 millones de euros en los últimos diez años en políticas de medio ambiente

LLUÍS AMENGUAL. PEKÍN. El pasado 5 de junio fue el Día Mundial del Medio Ambiente. Y en China, a poco más de dos meses para la inauguración, la ciudad y los Juegos Olímpicos se tiñen de verde. Una de las medidas en vigor desde el día de 1 de junio es toda una lección en contra del consumismo: todas las bolsas de supermercados e hipermercados dejan de ser gratuitas y deben abonarse.
De hecho, uno de los caballos de batalla de las autoridades chinas desde 2001, cuando se concedieron los Juegos Olímpicos a Beijing (Pekín), ha sido el medio ambiente. La urbe, con una población cercana a los 20 millones de habitantes, ha invertido 11.000 millones de euros en los últimos diez años.
Como en la España de los años 50, escuelas, viviendas y hospitales tienen como vecinos a chimeneas humeantes de fábricas y centrales eléctricas. Esto revierte en un cielo de gris casi permanente y en una neblina que interfiere en la vida diaria de los pekineses, mermando su salud. A pesar de ello, la evolución en el último decenio ha sido de espectacular.
Paulatinamente, las empresas más contaminantes se han trasladado fuera de la capital. De esta manera, la ordenación urbana, en forma de polígonos industriales, toma forma. Pero no es la única medida contemplada a fin de tener unos Juegos ´verdes´. Para asegurar un aire limpio y un cielo de radiante azul, durante agosto todas las fábricas de Pekín, su provincia y las colindantes, deberán parar la producción. Así mismo, se están probando sistemas con ioduro de plata para provocar la lluvia artificial la víspera de la inauguración y asegurar un día cristalino para el 8 de agosto de 2008. Para evitar que algún factor pudiera deslucir el acontecimiento, la lluvia y el resto de elementos no pueden quedar en manos del azar.
En los últimos años los medios de transporte en Pekín también han sufrido un cambio radical. Los coches se han incrementado exponencialmente a razón de 1.200 vehículos más al día.
El metro de Pekín, que en 1999 contaba con sólo una línea, hoy ya tiene cuatro (pendiente de abrirse dos más de manera inminente). El suburbano se prepara para la llegada millones de turistas. En los últimos meses se han adecuado numerosas paradas, mobiliario y señalética. En las líneas nuevas se han incorporado baños y pantallas de información, así como medidas de seguridad como mamparas de cristal para evitar caídas en el andén. Para hacerlo extensivo a toda la población, las nuevas estaciones se han vuelto accesibles a personas con movilidad reducida además de disponer de señales en Braille para invidentes.
Hasta día de hoy, las máquinas expendedoras de billetes no existen en el metro de la capital. Pero con la vista puesta en agosto, ha empezado a funcionar en fase de pruebas un nuevo sistema tarifario, ahora informatizado, de expendeduría de billetes. También se han aumentado las bocas de entrada a los andenes y reducido los precios de los billetes para hacer más atractivo el transporte público.
Las previsiones de las autoridades pasan por convertir el actual metro de Pekín en el más grande del mundo en el año 2020. Y es que una ciudad con una superficie cuatro veces superior a Mallorca y con las principales arterias de la ciudad colapsadas, el metro es una apuesta segura.
Con la vista puesta en los Juegos, la villa olímpica quedará conectada por el suburbano con el resto de la ciudad, por medio de una infraestructura que se inaugurará en menos de dos meses. Mientras tanto, la bicicleta, el otrora abanderado del transporte verde y sostenible en Pekín, poco a poco, ha ido cayendo en el olvido motivado principalmente por unas distancias cada vez más largas y un tráfico que dificulta su circulación.
La villa olímpica, que dará cabida a 16.000 personas durante los Juegos Olímpicos, calentará la mayoría del agua por medio de energía solar. El estadio nacional, conocido también por el ´Nido del Pájaro´, será el primero de los estadios Olímpicos en utilizar energía solar con una producción equivalente a 130 kW. La energía solar supondrá el 90 por ciento de la energía del alumbrado público.
Mientras tanto, las autoridades tienen en el agua una de sus mayores preocupaciones, ya que es un bien más que escaso en China. Su población, de más de 1.300 millones de personas, dispone de una media de 2.000 metros cúbicos por habitante de agua al año. A pesar de la opulencia de los datos, esta cifra sólo representa la cuarta parte del consumo medio per cápita mundial. En el norte y el noreste de China se calcula en 27 los millones de hectáreas de terreno cultivable que sufre sequía, mientras que la desertificación afecta a unos 300 millones de hectáreas de pastos y praderas.
Para poder paliar esta situación, las autoridades apuestan por una doble vía: reducir el nivel de contaminación de las aguas y la mejora de la eficiencia de su uso. De hecho, el undécimo plan quinquenal del Gobierno chino, también conocido como la ´Biblia de la economía china´, se centra en el agua más que nunca. Uno de sus objetivos es reducir su consumo en un 30% antes de finalizar el año 2011, que el 80% del agua consumida en las principales ciudades chinas cumpla los estándares fijados y reducir los vertidos incontrolados en un 10% hasta el año 2018. Mientras tanto, en Pekín, el consumo de agua embotellada es la tónica habitual entre los locales.
Las autoridades chinas han invertido 11.000 millones de euros en los últimos diez años en políticas de medio ambiente

LLUÍS AMENGUAL. PEKÍN. El pasado 5 de junio fue el Día Mundial del Medio Ambiente. Y en China, a poco más de dos meses para la inauguración, la ciudad y los Juegos Olímpicos se tiñen de verde. Una de las medidas en vigor desde el día de 1 de junio es toda una lección en contra del consumismo: todas las bolsas de supermercados e hipermercados dejan de ser gratuitas y deben abonarse.
De hecho, uno de los caballos de batalla de las autoridades chinas desde 2001, cuando se concedieron los Juegos Olímpicos a Beijing (Pekín), ha sido el medio ambiente. La urbe, con una población cercana a los 20 millones de habitantes, ha invertido 11.000 millones de euros en los últimos diez años.
Como en la España de los años 50, escuelas, viviendas y hospitales tienen como vecinos a chimeneas humeantes de fábricas y centrales eléctricas. Esto revierte en un cielo de gris casi permanente y en una neblina que interfiere en la vida diaria de los pekineses, mermando su salud. A pesar de ello, la evolución en el último decenio ha sido de espectacular.
Paulatinamente, las empresas más contaminantes se han trasladado fuera de la capital. De esta manera, la ordenación urbana, en forma de polígonos industriales, toma forma. Pero no es la única medida contemplada a fin de tener unos Juegos ´verdes´. Para asegurar un aire limpio y un cielo de radiante azul, durante agosto todas las fábricas de Pekín, su provincia y las colindantes, deberán parar la producción. Así mismo, se están probando sistemas con ioduro de plata para provocar la lluvia artificial la víspera de la inauguración y asegurar un día cristalino para el 8 de agosto de 2008. Para evitar que algún factor pudiera deslucir el acontecimiento, la lluvia y el resto de elementos no pueden quedar en manos del azar.
En los últimos años los medios de transporte en Pekín también han sufrido un cambio radical. Los coches se han incrementado exponencialmente a razón de 1.200 vehículos más al día.
El metro de Pekín, que en 1999 contaba con sólo una línea, hoy ya tiene cuatro (pendiente de abrirse dos más de manera inminente). El suburbano se prepara para la llegada millones de turistas. En los últimos meses se han adecuado numerosas paradas, mobiliario y señalética. En las líneas nuevas se han incorporado baños y pantallas de información, así como medidas de seguridad como mamparas de cristal para evitar caídas en el andén. Para hacerlo extensivo a toda la población, las nuevas estaciones se han vuelto accesibles a personas con movilidad reducida además de disponer de señales en Braille para invidentes.
Hasta día de hoy, las máquinas expendedoras de billetes no existen en el metro de la capital. Pero con la vista puesta en agosto, ha empezado a funcionar en fase de pruebas un nuevo sistema tarifario, ahora informatizado, de expendeduría de billetes. También se han aumentado las bocas de entrada a los andenes y reducido los precios de los billetes para hacer más atractivo el transporte público.
Las previsiones de las autoridades pasan por convertir el actual metro de Pekín en el más grande del mundo en el año 2020. Y es que una ciudad con una superficie cuatro veces superior a Mallorca y con las principales arterias de la ciudad colapsadas, el metro es una apuesta segura.
Con la vista puesta en los Juegos, la villa olímpica quedará conectada por el suburbano con el resto de la ciudad, por medio de una infraestructura que se inaugurará en menos de dos meses. Mientras tanto, la bicicleta, el otrora abanderado del transporte verde y sostenible en Pekín, poco a poco, ha ido cayendo en el olvido motivado principalmente por unas distancias cada vez más largas y un tráfico que dificulta su circulación.
La villa olímpica, que dará cabida a 16.000 personas durante los Juegos Olímpicos, calentará la mayoría del agua por medio de energía solar. El estadio nacional, conocido también por el ´Nido del Pájaro´, será el primero de los estadios Olímpicos en utilizar energía solar con una producción equivalente a 130 kW. La energía solar supondrá el 90 por ciento de la energía del alumbrado público.
Mientras tanto, las autoridades tienen en el agua una de sus mayores preocupaciones, ya que es un bien más que escaso en China. Su población, de más de 1.300 millones de personas, dispone de una media de 2.000 metros cúbicos por habitante de agua al año. A pesar de la opulencia de los datos, esta cifra sólo representa la cuarta parte del consumo medio per cápita mundial. En el norte y el noreste de China se calcula en 27 los millones de hectáreas de terreno cultivable que sufre sequía, mientras que la desertificación afecta a unos 300 millones de hectáreas de pastos y praderas.
Para poder paliar esta situación, las autoridades apuestan por una doble vía: reducir el nivel de contaminación de las aguas y la mejora de la eficiencia de su uso. De hecho, el undécimo plan quinquenal del Gobierno chino, también conocido como la ´Biblia de la economía china´, se centra en el agua más que nunca. Uno de sus objetivos es reducir su consumo en un 30% antes de finalizar el año 2011, que el 80% del agua consumida en las principales ciudades chinas cumpla los estándares fijados y reducir los vertidos incontrolados en un 10% hasta el año 2018. Mientras tanto, en Pekín, el consumo de agua embotellada es la tónica habitual entre los locales.
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