29 mayo 2008

Càpsula | Diario de Mallorca

La organización está seleccionando pisos de acogida para que los extranjeros conozcan de primera mano la realidad del país

LLUÍS AMENGUAL "No me voy a comportar de diferente manera mientras tengamos extranjeros en casa durante los Juegos Olímpicos. Quiero que vean cómo es la China real", asevera Zhang Yizhuo en la prensa local de Pekín. "La mejor manera que tienen de conocer la ciudad y su gente, es vivir y compartir el día a día con chinos, viendo qué hacemos un día normal". La organización olímpica está seleccionando pisos de acogida para que los extranjeros puedan conocer la realidad china de primera mano. Zhang es uno de las más de mil residentes en Pekín que forman parte de esta curiosa iniciativa. Vive con su mujer Wang Shuo y con Muyao, su hija de tan sólo dos años de edad, en un bloque de pisos a varios kilómetros al oeste del Nido del Pájaro. Pero en el mes de los Juegos su casa tendrá nuevos inquilinos, extranjeros en búsqueda del "verdadero Pekín".



Para poder convertirse en un piso de acogida oficial, su hogar debe pasar un test. Los principales requisitos son dos: tener nociones básicas de inglés y una residencia adaptada a las comodidades occidentales. Asimismo, no se permiten dos pisos de estas características por edificio a fin de que la inmersión sea total.

Para los chinos es un honor compartir casa con extranjeros. "Cuando sepa de qué país son, buscaré en internet información sobre su cultura, su religión y aquello que se puede y no se puede decir", concluye Zhang. A pesar de todo, aún no está claro si la familia de la joven Muyao cobrará por alojar a foráneos. "No lo hacemos por dinero. Es una oportunidad única para hacer un intercambio cultural."

Pero la vida en una casa pequinesa dista bastante de la vida en una casa española. Comida a las 12 del mediodía, cena a las 6 de la tarde. La leche y derivados, como queso y yogures, la pasta y el pescado son platos alejados de la cocina china. En los baños, las bañeras y los platos de ducha no existen y normalmente están a un paso del váter, que no es más que un agujero en el suelo? Si los anfitriones deben adaptarse a las visitas, sin duda, las visitas deben saber que en Pekín el día a día también habla chino.

Esos mismos turistas que residirán en la familia de Zhang, seguro que asistirán a alguna de las competiciones de los Juegos Olímpicos. Hace semanas que las entradas se venden en el Bank of China, el banco del Estado. Su puesta a la venta se ha realizado escalonadamente para evitar aglomeraciones. A primera hora de la mañana los madrugones son el desayuno: gente esperando desde el día anterior para hacerse con los deseados billetes. En un ambiente caótico, no regido por el orden de la cola, se empiezan a poner a la venta. Fuera del banco, en la calle, cuelga un cartel en el que se anuncian las entradas que quedan por vender. A medida que la mañana transcurre, un trabajador del banco sale con bolígrafo en mano y tacha aquel evento del que se han vendido todas las localidades. De fondo, se oyen voces de lamento entre los asistentes: "Deberemos esperar a la próxima remesa de entradas."

En los Juegos, hoy por hoy sería impensable que no participaran atletas chinos. Pero no siempre fue así. Con bajo presupuesto, la película The One se basa en la historia real del primer atleta chino, Liu Changchun, que participó en los Juegos Olímpicos. Cuando Dalian, su ciudad natal, fue invadida por los japoneses en 1932, le comunicaron que debería competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en nombre del recién creado estado japonés. Con menos de 8.000 yuanes en el bolsillo (no más de 800 euros actuales), se embarca rumbo a Estados Unidos. A su llegada, y con unos kilos de más, se prepara para competir en los 100 y 200 metros lisos.

El estreno de la película, programado para el 17 de mayo, a menos de tres meses para los Juegos Olímpicos no es casual: el engranaje olímpico ya está a pleno rendimiento. Se transmite una exaltación del patriotismo, espíritu de superación, ansia por la victoria, la meta de alcanzar la gloria, siempre bajo la presión de ser el representante de más de 1.300 millones de personas.


Uno de los iconos de los Juegos Olímpicos son, sin duda, las medallas. Fue 500 días antes de la inauguración de los Juegos, el 27 de marzo de 2007, cuando se hicieron públicas. Por primera vez en la historia, las medallas no están hechas totalmente de metal. El reverso de la de oro le acompaña una corona de jade blanco, el más exclusivo de todos. En la de plata, es de jade verde, mientras que en la medalla de bronce, la corona es de color azul verdoso.
Con el uso del jade, la organización olímpica añade innovación a un símbolo aparentemente inamovible.

Las medallas

Uno de los iconos de los Juegos Olímpicos son, sin duda, las medallas. Fue 500 días antes de la inauguración de los Juegos, el 27 de marzo de 2007, cuando se hicieron públicas. Por primera vez en la historia, las medallas no están hechas totalmente de metal. El reverso de la de oro le acompaña una corona de jade blanco, el más exclusivo de todos. En la de plata, es de jade verde, mientras que en la medalla de bronce, la corona es de color azul verdoso.
Con el uso del jade, la organización olímpica añade innovación a un símbolo aparentemente inamovible.