Càpsula | Diario de Mallorca
Lluvia
Esta última semana ha llovido en Beijing. En la ciudad de la entropía, alejada de todo aquello que recuerda a naturaleza, el simple hecho de mirar como llueve, es simplemente fascinante. El calor empieza a hacerse notar y a su llamada, le responden fugaces chaparrones que inundan las calles llenas de suciedad. Con la lluvia, las vías se vacían mágicamente de gente y se llenan de agua. Todos los chinos se refugian bajo plásticos, carricoches o algún alero esperando a que cese. Mientras tanto, la lluvia limpia la ciudad. Por la calle baja todo aquello que, pocos minutos antes, era parte intrínseca del paisaje. Cosas innecesarias que en el decurso de los días, posiblemente semanas, se habían quedado olvidadas en un rincón, en una esquina, a la vista de todos. Es posible que esos desperdicios hicieran tropezar a más de uno, que recibieran algún que otro puntapié, alguna queja del por qué eso estaba ahí. Sin embargo, eso que a todo el mundo molestaba y que a nadie beneficiaba, seguía estando en esa calle hasta que la primera de las gotas de lluvia impactó en el asfalto.
La lluvia acompañó toda la noche. Al día siguiente, el sol se intuía detrás del velo gris de Beijing. Había dejado de llover. Tenía clase a las 8, y como siempre, llegaba tarde. Las calles amanecieron cristalinas. Todo lo innecesario se lo había llevado la lluvia. ¿Dónde debe estar ahora?, me preguntaba. Los charcos recordaban esa agua que horas antes había pertenecido al cielo. En cada uno de los ellos se reflejaba algo diferente. En uno, un edificio y la copa de un árbol. En otro, siluetas fugaces de gente que lo esquivaba para no mojarse. En un tercero, el cielo y el sol. Todos mostraban instantáneas parte de una realidad fugaz. ¡Cuanto valor tiene eso! Ver el mundo de diferente perspectiva, desde otro punto de vista. Mirando los retratos efímeros que se reflejaban en los charcos, todo parecía y aparecía al revés. Me devino una pregunta: ¿Por qué la gente no mira el mundo desde los charcos, desde el reflejo del agua? ¿Hay que esperar a que llegue la lluvia para que se lleve todo aquello que no necesitamos, aquello que nos hace tropezar, aquello que nos entorpece, que engulle nuestra felicidad? ¿Pensar que hay cosas imposibles? En los charcos se veían cosas y me preguntaba, ¿por qué? Pero en ellos veía cosas que nunca fueron y me preguntaba, ¿por qué no?
Después de una tormenta sal a la calle. Mira al suelo, busca los charcos. Ponte al lado de uno mirando lo que se refleja en él y pregúntate, ¿Seguro que no hay otro punto de vista? ¿Seguro que no había otra manera?
Mi blog, Nótulas de Viaje|Un mallorquín en Pekín, es una ventana para ver y trasmitir, con ojos mallorquines, todo aquello que puede hacerte trasladar, aunque sea por unos minutos, al otro lado del mundo. (www.notulas.com)





